<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/"><title><![CDATA[zupicaru]]></title><link rel="http://blogs.ya.com/zupicaru/atom.xml" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/zupicaru/atom.xml"/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated><entry><title><![CDATA[zupicaru]]></title><link rel="zupicaru" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/zupicaru/atom.xml" title="zupicaru"/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[zupicaru]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(zupicaru)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/zupicaru/c_1.htm"><![CDATA[<h2>A enemigo que huye, puente de plata. </h2><br/><h4>No presentamos opinión alguna (ojo), sino datos puros. Es como si nos convirtiéramos en una computadora que sólo hace eso, dar la información que es requerida. En una reunión el líder puede decir: “ Señores, es necesario que nos pongamos el sombrero blanco respecto a las fallas que se producen en la línea 2” y todos darán información sobre estas fallas, no opiniones, sino datos y hechos. El gran problema que existe es que normalmente pedimos información del tipo sombrero blanco y recibimos una mezcla de datos con opiniones personales que se cuelan como datos y no podemos distinguir el límite entre uno y el otro, lo que le hace perder eficacia. Este es el famoso telefono malogrado que desterraremos con el sombrero blanco. ¡Y qué finos instrumentos de observación son nuestros sentidos! El olfato, por ejemplo, del que ningún filósofo ha hablado con veneración y gratitud, es hoy por hoy el instrumento más sensible de que disponemos, siendo capaz de captar incluso diferencias mínimas de movimiento que ni aun el espectroscopio registra. Poseemos hoy ciencia exactamente en la medida en que nos hemos decidido a aceptar el testimonio de los sentidos; en que hemos aprendido a aguzarlos aún más, armarlos, llevarlos a sus últimas consecuencias. Todo lo demás es chapucería y seudociencia, quiere decir, metafísica, teología, sicología, teoría del conocimiento, o bien ciencia formal, ciencia de los signos, como la lógica y las matemáticas, esa lógica aplicada. Ellas no tratan de la realidad, ni siquiera como problema; tampoco de la cuestión del valor, de tal convencionalismo de signos, como es la lógica. La otra condición de los filósofos no es menos peligrosa; consiste en confundir lo último con lo primero. Sitúan lo que se presenta al final, ¡desgraciadamente, pues no debiera presentarse!, los “conceptos más elevados”, esto es, los más generales, los más vacíos, el último humo de la realidad que se evapora, en el comienzo, como comienzo. Se expresa una vez más su manera de venerar: según ellos, lo elevado no debe desprenderse de lo bajo, no debe desarrollarse, en fin... Moraleja: todo cuanto es de primer orden ha de ser causa sui. El origen extrínseco se considera una objeción, algo que pone en tela de juicio el valor. Todos los más altos valores son de primer orden; todos los conceptos más elevados, el Ser, el absoluto, el bien, lo verdadero, lo perfecto; todo esto no puede ser algo posible y, por ende, debe ser causa sui. Mas todo esto tampoco puede ser desigual entre sí, estar en contradicción consigo mismo... Así llegan a su estupendo concepto “Dios”... Lo último, lo más abstracto y huero es establecido como lo primero, como causa en sí, como ens realissimum,... ¡Por qué la humanidad habrá tomado tan en serio las afecciones cerebrales de sutiles enfermos! ¡Bien caro lo pagó! ... Otro valor de los sombreros es que proporciona roles (actitudes) de pensamiento. Un pensador puede enorgullecerse de representar cada uno de esos roles. Sin la formalidad de los sombreros algunos pensadores se estancarían en un modo único (generalmente el negro o rojo). Si nos sentimos tan inteligentes que creemos poder prescindir de este sistema, podríamos tener en cuenta que dicho sistema haría que esa inteligencia de la que tanto nos jactamos, sea más eficaz aún. Una persona con talento natural para correr se beneficia más que otros si a ese talento aplica disciplina. Los sombreros dan una metodología para pensar, que permite que la acción de pensar sea más efectiva. No es un tema de motivación, pues la mayoría de temas versa sobre este concepto como aspecto fundamental para pasar del pensamiento a la acción. Como vemos la motivación es necesaria pero no suficiente, hace falta también mejorar la calidad del pensamiento para que la motivación, que es muy necesaria, actúe sobre terreno seguro (buenas ideas) y crezca, por el éxito de los resultados. He hablado del espíritu alemán, señalando que se vulgariza y se vuelve superficial. ¿Es esto bastante? En el fondo, lo que me aterra es otra cosa: el hecho de que declina cada vez más la seriedad alemana, la profundidad alemana, la pasión alemana por las cosas del espíritu. No solamente la intelectualidad ha cambiado, sino también el pathos. Tengo de tanto en tanto contacto con Universidades alemanas; ¡hay que ver la atmósfera, la espiritualidad pobre y sosa, tibia y contentadiza, en, que se desenvuelven allí los eruditos! Sería un grave malentendido alegar como argumento en contra la ciencia alemana, y también una prueba de que no se ha leído una sola palabra de mis escritos. Desde hace diecisiete años no me canso de denunciar la influencia desespiritualizadora de nuestro medio científico actual. La dura labor a que el volumen tremendo de las ciencias condena hoy a todos los individuos es una de las causas principales de que para los espíritus plenos, pletóricos y profundas ya no existan una educación y educadores que les sean adecuados. Nuestra cultura de nada se resiente tanto como del exceso de especialistas arrogantes y humanidades fragmentarias; nuestras Universidades son, sin proponérselo, los invernáculos propiamente dicho de esta especie de atrofia de los instintos del espíritu. Y Europa toda ya se va dando cuenta de ello; la gran política no engaña a nadie. Se generaliza cada vez más la noción de que Alemania es el llano de Europa. No he encontrado aún a un alemán con el que pueda ser serio a mi manera; ¡y menos, por supuesto, a uno con el que yo pueda ser alegre! Ocaso de los ídolos: ¡ah, quién sería capaz, hoy día, de comprender de qué seriedad se reviste aquí un filósofo! La alegría serena es lo que menos se comprende entre nosotros... Pensándolo bien, no sólo es evidente la decadencia de la cultura alemana, sino que no falta tampoco la causa que la explica de una manera convincente. En definitiva, uno no puede gastar más de lo que posee ocurre en esto con los pueblos lo mismo que con los individuos. Si se gasta todo para el poder, la gran política, la economía, el tráfico mundial, el parlamentarismo y los intereses militares; si se gasta en esta partida la cantidad de razón, seriedad, voluntad y dominio de sí mismo que existe, hay un déficit en la contrapartida. La cultura y el Estado-de nada vale cerrar los ojos ante el hecho-son antagonistas; el “Estado cultural” no es más que una idea moderna. La cultura vive del Estado, prospera a expensas del Estado, y viceversa. Todas las grandes épocas de la cultura son épocas de decadencia política; siempre lo que es grande en el sentido de la cultura ha sido apolítico, y aun antipolítico... El corazón de Goethe se abrió al fenómeno Napoleón, pero se cerró a las “guerras de liberación”... En el mismo instante en que Alemania llega a ser una potencia mundial, Francia cobra como potencia cultural renovada importancia. Ya mucha inteligencia, mucha pasión nueva del espíritu ha emigrado a París; la cuestión del pesimismo, por ejemplo, la cuestión wagneriana, casi todas las cuestiones sicológicas y artísticas, se consideran allí de una manera mucho más sutil y penetrante que en Alemania; los alemanes ni siquiera están capacitadas para esta clase de seriedad. En la historia de la cultura europea, el advenimiento del “Reich” significa más que nada un desplazamiento del centra de gravedad. En todas partes se sabe ya que en lo esencial-y la cultura sigue siendo lo esencial-ya no cuentan los alemanes. Se nos pregunta: ¿hay entre vosotros siquiera un solo espíritu que cuente en Europa, como contaron vuestro Goethe, vuestro Hegel, vuestro Heinrich Heine y vuestro Schopenhauer? El extranjero se queda estupefacto ante el hecho de que ya no hay un solo filósofo alemán. El criminal y lo que es afín. El criminal es el tipo del hombre fuerte bajo condiciones desfavorables, un hombre fuerte enfermo. Le falta la “selva”, cierta naturaleza y forma de existencia más libres y peligrosas, donde esté justificado todo lo que es arma y armadura en el instinto del hombre fuerte. Sus virtudes están proscritas por la sociedad; sus impulsos más vivos no tardan en ligarse con los afectos depresivos, con el recelo, el miedo y el deshonor. Mas esto es casi la receta para la degeneración fisiológica. Quien hace subrepticiamente lo que mejor sabe hacer y que más le gustaría hacer, con sostenida tensión, cautela y astucia, se vuelve anémico, y como sus instintos siempre le valen tan sólo peligro, persecución y fatalidad, también su sentir se vuelve contra estos instintos los siente de manera fatalista. En la sociedad, nuestra sociedad mansa, mediocre y castrada, es donde el hombre natural, que viene de la montaña o de las aventuras del mar, degenera necesariamente en criminal... O casi necesariamente, pues casos hay en que tal hombre resulta ser más fuerte que la sociedad. El corso Napoleón es el más famoso de ellos. Respecto al problema que aquí se plantea, es importante el testimonio de Dostoievsky, el único sicólogo, dicho sea de paso, que tuvo algo que enseñarme, constituyendo una de las venturas más sublimes de mi vida, en mayor grado aún que el descubrimiento de Stendhal. Este hombre profundo, quien tuvo diez veces razón de despreciar a los alemanes superficiales, sintió a los presidiarios siberianos, con los que convivió durante largo tiempo, criminales sin excepción, para los cuales no había retorno -posible al seno de la sociedad, a pesar de lo que Dostoievsky supusiera: tallados poco más o menos en la madera más dura y preciosa que crece en tierra rusa. Generalicemos el caso del criminal; imaginemos a hombres a los que por cualquier razón se niega la sanción pública y que saben que no se los tiene por útiles: ese sentimiento tshandala de saberse considerado no como un igual, sino como proscrito, indigno e impuro. Todos los pensamientos y actos de estos hombres ostentan el color de lo que vive bajo tierra; en ellos todo se torna más pálido que en aquellos cuya existencia está bañada en la luz del día. Mas casi todas las formas de existencia que hoy exaltamos-el carácter científico, el artista, el genio, el espíritu libre, el actor, el mercader, el gran descubridor se desenvolvieron en un tiempo en esta especie de lobreguez sepulcral... Mientras el sacerdote era reputado el tipo más alto, todo tipo humano valioso estaba desvalorizado... Día llegará, lo prometo, en que se lo reputará el tipo más bajo, nuestro tshandala, el tipo humano más mendaz e indecente... Llamo la atención sobre el hecho de que todavía hoy, bajo el régimen de las costumbres más suaves que se ha dado jamás, por lo menos en Europa, todo aparte, todo debajo prolongado, excesivamente prolongado, toda forma de existencia insólita, opaca, aproxima a ese tipo que el criminal representa. Todos los innovadores del espíritu llevan durante un tiempo estampado en la frente el signo fatal y fatalista del tshandala; no porque se los sienta como tales, sino porque ellos mismos sienten el pavoroso abismo que los separa de todo lo tradicional y sancionado. Casi todos los genios conocen como una de sus evoluciones la “existencia catilinaria”, un sentimiento de odio, venganza y rebeldía dirigido contra todo lo que ya es, en vez 'de devenir... Catilina; la forma de preexistencia de todo César. Aquí la vista es libre. Puede ser riqueza de alma si un filósofo calla; puede ser amor si se contradice a sí mismo; cabe una cortesía mentirosa del cognoscente. No dejan de tener un sentido sutil estas palabras: el est indigne des grands coeurs de répandre le trouble, qu'ils ressentent; sólo cabe agregar que no temer ni a lo más indigno puede también ser grandeza del alma. La mujer que ama sacrifica su honor; el cognoscente que “ama” sacrifica acaso su humanidad; un dios que amó se hizo judío...</h4><br/><h3>Estar en las nubes. </h3><br/><h4>Tenemos ante nosotros el paralelo exacto del caso I, aunque con la diferencia de que aquí se suceden unos a otros tres capitales, en vez de dos. Los capitales no se confunden ni entrecruzan; cada uno de ellos puede seguirse por separado hasta el final del año. Por tanto, no se produce, como no se producía tampoco en el caso I, una disponibilidad del capital al final de un período de trabajo. El capital I se invierte en su totalidad al final de la 3ª semana, refluye por entero al final de la semana 9 y vuelve a entrar en funciones al comenzar la semana 10. Y lo mismo ocurre con los capitales II y III. La sucesión periódica y completa de unos capitales por otros excluye toda disponibilidad. <a href="http://www.girlsbcn.net">Putas Barcelona</a> Si el dinero funciona en las transacciones de nuestro capitalista como medio de pago (porque el comprador haya de pagar la mercancía solamente en un plazo más o menos largo), el producto excedente destinado a ser capitalizado no se convertirá en dinero, sino en créditos, en títulos de propiedad sobre un equivalente, que tal vez se halla ya en posesión del comprador o que acaso éste tiene simplemente en perspectiva. No entrará en el proceso de reproducción del ciclo, como no entra el dinero invertido en valores que rinden un interés, etc., aunque pueda entrar en el ciclo de otros capitales industriales. <a href="http://www.girlsbcn.es">Putas BCN</a> realiza la función de capital–dinero pasa a desempeñar, al efectuarse esta misma circulación, una función en la que su carácter de capital desaparece, quedando en pie su carácter de dinero. La circulación del capital–dinero D se descompone en D – Mp y D – T, en compra de medios de producción y compra de fuerza de trabajo. Examinemos concretamente la última operación. D – T es la compra de la fuerza de trabajo por el capitalista y la venta de la fuerza de trabajo –aquí, podemos decir la venta del trabajo, puesto que se presupone la forma del salario– por el obrero que la aporta. Lo que es para el comprador D – M ( =D – T) es aquí, como en toda compra, para el vendedor (para el obrero) T – D ( = M – D), la venta de su fuerza de trabajo. Es la primera fase de la circulación o primera metamorfosis de la mercancía (libro I, cap. III, 2 a) [ pp. 64 ss. ]; es, por parte del vendedor del trabajo, la conversión de su mercancía en la forma–dinero. El dinero así obtenido lo va invirtiendo el obrero, poco a poco, en una suma de mercancías destinadas a satisfacer sus necesidades, en artículos de consumo. Por tanto, la circulación global de su mercancía reviste la fórmula T –D – M; es decir, en primer lugar T – D ( = M – D) y en segundo lugar D – M; o sea, la forma general de la circulación simple de mercancías M –D – M, en la que el dinero figura como simple medio transitorio de circulación, como mero intermediario en el cambio de una mercancía por otra. <a href="http://www.girlsbcn.com.es">Putas </a> Por último, es sorprendente que A. Smith, al enumerar los ele­mentos del capital circulante, olvide la fuerza de trabajo. Y la olvida por una doble razón. <a href="http://www.girlsbarcelona.com">Putas Barcelona</a> <br/> Más adelante (libro III) veremos a qué absurdas teorías conduce en MacCulloch, James Mill, etc., el intento de identificar el tiempo de producción, distinto del tiempo de trabajo, con éste; intento que, a su vez, nace de una aplicación falsa de la teoría del valor. <a href="http://www.girlsmadrid.com">Señoritas de compañía en Madrid</a> Lo que se consigue con esta división del capital en un capital primitivamente productivo y otro adicional es la sucesión ininterrumpida de los períodos de trabajo, el funcionamiento constante como capital productivo de una parte igual del capital desembolsado. <a href="http://www.girlsvalencia.com">http://www.girlsvalencia.com</a> La cuota anual de plusvalía o la comparación entre la plusvalía producida durante el año y el capital variable desembolsado en su conjunto (a diferencia del capital variable que refluye durante el año) no es, por tanto, nada subjetivo, sino que es la dinámica real del capital la que engendra por si misma esta contraposición. Para el poseedor del capital A, su capital variable desembolsado = 500 libras esterlinas refluye al final del año, y además se encuentra con 5,000 libras de plusvalía. No es la masa de capital empleada por él durante el año, sino la que refluye periódicamente a él, la que expresa la magnitud de su capital desembolsado. Y los términos del problema aquí planteado no cambian en absoluto por el hecho de que el capital exista al final del año en parte bajo la forma de reserva de producción y en parte bajo la forma de capital–mercancías o capital–dinero, ni por la proporción en que se dividan estas distintas partes. Para el poseedor del capital B, habrán refluido 5,000 libras esterlinas, su capital desembolsado, y además 5,000 libras de plusvalía. Para el poseedor del capital C (del capital que últimamente poníamos como ejemplo, de 5,500 libras), se producirán durante el año 5,000 libras de plusvalía (las 5,000 libras invertidas y una cuota de plusvalía del 100 por 100), pero su capital desembolsado no habrá refluido todavía, ni tampoco la plusvalía producida por él. <a href="http://www.girlsbcn.net/acompanante_madrid.htm">Acompañante sexo Madrid</a> Fijémonos ahora en el tercer período de rotación. Es evidente que el capital de 500 libras desembolsado por tercera vez no representa un capital antiguo, sino un capital nuevo, recién producido, pues es simplemente la forma–dinero de la masa de mercancías producida en el segundo período de rotación, es decir, de la parte de esta masa de mercancías cuyo valor es igual al valor del capital variable desembolsado. La masa de mercancías producida en el primer período de rotación, se ha vendido ya. Su parte de valor igual a la parte variable de valor del capital desembolsado se ha transformado en la nueva fuerza de trabajo del segundo período de rotación y ha producido una nueva masa de mercancías que ha vuelto a venderse y una parte de valor de la cual forma parte el capital de 500 libras desembolsado en el tercer período de rotación. <a href="http://www.girlsbcn.net/espana/huesca.htm">Escorts Huesca</a> En la medida en que M – D es para el comprador D – M y D – M es M – D para el vendedor, la circulación del capital sólo representa la metamorfosis corriente de la mercancía, pudiendo aplicársele las leyes sobre la masa de dinero circulante expuestas, a propósito de aquélla (libro I, cap. III , 2 [pp. 69 – 93]). Pero, si no nos atenemos a este lado formal del problema y enfocamos la conexión real existente entre las metamorfosis de los distintos capitales individuales, concibiendo en realidad la conexión entre los ciclos de los capitales individuales como la conexión entre los distintos movimientos parciales del proceso de reproducción del capital global de la sociedad, vemos que éste no puede explicarse por el simple cambio de forma entre dinero y mercancía. <a href="http://www.girlsbcn.net/espana/tenerife.htm">Prostitutas de lujo en Tenerife</a> En la agricultura es donde más fácil resulta esta reinversión gradual del fondo de reserva en dinero (es decir, de la parte del capital fijo que vuelve a convertirse en dinero). Un campo de producción de extensión dada es susceptible, aquí, de la mayor absorción progresiva de capital. Y lo mismo acontece allí donde se efectúa una reproducción natural, como en la ganadería. <a href="http://www.girlsbcn.net/putas_madrid.htm">Madrid prostitutas</a><br/> El destino que da a una parte del valor–capital invertido en medios de producción el carácter de capital fijo estriba exclusivamente en el modo peculiar como circula este valor. Esta modalidad propia de circulación corresponde a la modalidad propia de transferencia de su valor al producto por parte de estos medios de trabajo o en el modo especial como actúa en cuanto factor creador de valor durante un proceso de producción. Y, a su vez, éste responde al modo especial de funcionar los medios de trabajo en el proceso de éste. <a href="http://www.anibcn.com">beso negro</a> Desde un punto de vista abstracto, tanto da que funcionen 600 libras esterlinas durante 6 X 8 = 48 semanas (producto = 4,800 libras esterlinas) o que todo el capital de 900 libras se invierta en el proceso de trabajo durante 6 semanas, quedando luego inactivo durante el proceso de circulación de 3 semanas; en este caso, funcionaria, durante las 48 semanas, 5 1/3 X 6 = 32 semanas (producto = 5 1/3 X 900 = 4,800 libras esterlinas) y quedaría inactivo durante 16. Pero, prescindiendo del mayor deterioro del capital fijo durante las 16 semanas de inactividad y del encarecimiento del trabajo, que deberá abonarse durante el año entero, a pesar de no emplearse más que durante una parte de él, es evidente que semejante interrupción periódica del proceso de producción no se armoniza con la marcha de la moderna gran industria. La continuidad constituye de por sí una sola fuerza productiva del trabajo. <a href="http://www.deliciasbcn.com">compañia intima</a></h4><br/><h3>No callarse ni bajo el agua. </h3><br/><h4>Confieso que siento, al escribir estas líneas, un poco de vergüenza. Pase el que la literatura inglesa anticapitalista de las décadas del veinte y del treinta sea tan absolutamente ignorada en Alemania, a pesar de que ya en la Misére de la Philosophie, Marx alude directamente a ella y de que en el primer tomo de El Capital cita repetidas veces algunas de estas publicaciones: el folleto de 1821, a Ravenstone, a Hodgskin, etc. Pero el hecho de que no sólo el literatus vulgaris que se agarra desesperadamente a los faldones de la levita de Rodbertus, ese literato "que no ha aprendido realmente nada", sino incluso el profesor de oficio que "se jacta de erudición" haya olvidado su economía clásica hasta el punto de poder acusar seriamente a Marx de copiar de Rodbertus, cosas que pueden leerse ya en A. Smith y en Ricardo, demuestra cuán bajo ha caído hoy, en Alemania, la economía oficial. <a href="http://www.deliciasbcn.com">masajista barcelona</a> A. Smith incurre en un gran error al dividir toda la riqueza social en: 1° el fondo de consumo inmediato, 2° el capital fijo y 3° el capital circulante. Según esto, la riqueza debiera dividirse en dos partes: 1° el fondo de consumo. que no forma parte del capital social en funciones, aunque algunas partes de él puedan funcionar constantemente como capital, y 2° el capital. Una parte de la riqueza actúa aquí como capital, la otra parte como no capital o como fondo de consumo. Así planteada la cosa, se ve que todo capital se halla ante la ineludible necesidad de ser o fijo o circulante, del mismo modo que todo animal mamífero se halla ante la necesidad, impuesta por la naturaleza, de ser macho o hembra. Sin embargo, ya hemos visto que la distinción entre las dos categorías de fijo y circulante sólo es aplicable a los elementos del capital productivo y que al lado de éste hay todavía una cantidad considerable de capital –el capital–mercancias y el capital–dinero– que reviste una forma bajo la cual no puede ser ni circulante ni fijo. <a href="http://www.erosbcn.com">http://www.erosbcn.com</a> 1º A. Smith determina el valor de una mercancía por la masa de trabajo que el obrero asalariado añade (adds) al objeto sobre que trabaja. El dice, literalmente, “a los materiales” puesto que se refiere a la manufactura, en la que se elaboran ya productos de trabajo, pero esto no altera para nada los términos del problema. El valor que el obrero añade (y esta expresión, "adds", es la que emplea Adam) es absolutamente independiente del hecho de que el objeto al que se añade valor tenga o no de por sí un valor antes de añadirle aquél. El obrero crea, pues, un producto de valor en forma de mercancía. Este producto es, según A. Smith, de una parte, el equivalente de su salario, y esta parte se halla, por tanto, determinada por el volumen de valor de su salario, por cuya razón deberá, para producir o reproducir un valor igual al de éste, añadir más trabajo cuanto mayor sea el salario que perciba. Pero, de otra parte, el obrero, después de rebasar este limite, añade nuevo trabajo, el cual crea plusvalía para el capitalista que lo emplea. El que esta plusvalía sea retenida en su integridad por el capitalista o cedida en parte por éste a terceras personas no altera para nada la determinación cuantitativa (la magnitud) de la plusvalía añadida por el obrero asalariado. Se trata de un valor como cualquiera otra parte del valor del producto, sí bien se distingue por el hecho de que el obrero no percibe ni antes ni después ningún equivalente a cambio de él, pues este valor se lo apropia el capitalista sin abonar equivalente alguno. El valor total de la mercancía se determina por la cantidad de trabajo que el obrero invierte en su producción; una parte de este valor total se determina por el hecho de ser igual al valor del salario, de ser el equivalente de éste. La segunda parte, la plusvalía, se determina, por tanto, necesariamente, por ser igual al valor total del producto menos la parte de valor de éste que constituye el equivalente de salario; es decir, igual al remanente del producto de valor creado en la elaboración de la mercancía, después de cubrir la parte de valor contenida en ella y que representa el equivalente del salario. <a href="http://www.escortbarcelona.com.es">escort independiente en Barcelona</a> Un ejemplo claro de la continuidad de la producción y de la aplicación del principio automático son las modernas fábricas de papel. Sobre la fabricación de papel podemos estudiar en detalle la diferencia existente entre los distintos sistemas de producción a base de medios de producción diversos y el enlace entre las condiciones sociales de producción y aquellos sistemas: la antigua fabricación alemana de papel era prototipo de producción manual, la fabricación holandesa de papel del siglo XVII y la francesa del siglo XVIII, modelos de auténtica manufactura, y la producción papelera moderna de Inglaterra, exponente característico de fabricación automática; además, en China y en la India se conservan todavía dos formas diversas de esta industria con las características de la antigua producción asiática. <a href="http://www.girlsbcn.com">acompañantes madrid</a> Sin embargo, la ley de 1872, pese a todos sus defectos, es la primera que reglamenta las horas de trabajo de los niños empleados en las minas y hace a los explotadores y patronos mineros responsables, hasta cierto punto, de los llamados accidentes. <a href="http://www.girlsmarbella.com">girlsmarbella.com</a> Para examinar plásticamente las vicisitudes a que se halla expuesto el obrero fabril, nada mejor que trazar un rápido bosquejo de las alternativas de la industria algodonera inglesa. <a href="http://www.raquelmimosa.com">escorts high standing</a> Los gastos anuales de la familia y su déficit ascenderían a las siguientes cifras, suponiendo que el obrero comiese como:</h4><br/><p></p><br/><h4>La economía política ha analizado, indudablemente, aunque de un modo imperfecto,34 el concepto del valor y su magnitud, descubriendo el contenido que se escondía bajo estas formas. Pero no se le ha ocurrido preguntarse siquiera por qué este contenido reviste aquella forma, es decir, por qué el trabajo toma cuerpo en el valor y por qué la medida del trabajo según el tiempo de su duración se traduce en la magnitud de valor del producto del trabajo.35 Trátase de fórmulas que llevan estampado en la frente su estigma de fórmu­las propias de un régimen de sociedad en que es el proceso de pro­ducción el que manda sobre el hombre, y no éste sobre el proceso de producción; pero la conciencia burguesa de esa sociedad las con­sidera como algo necesario por naturaleza, lógico y evidente como el propio trabajo productivo. Por eso, para ella, las formas pre­burguesas del organismo social de producción son algo así como lo que para los padres de la Iglesia, v. gr., las religiones anteriores a Cristo.36 <a href="http://www.sexoanuncios.com.es">masajes girona</a> 109 Todavía hoy se dan en ciertas manufacturas montadas a la antigua, de vez en cuando, casos de revueltas obreras contra las máquinas, en su forma primitiva. Así aconteció, por ejemplo, en 1865, en la manufactura de tallado de piedras de Sheffield. <a href="http://www.sexoanuncios.com.es">saunas madrid</a> Entre los papeles dejados por el autor al morir, apareció un ejemplar alemán corregido a trozos por su mano y lleno de referencias a la edición francesa; también se encontró un ejemplar francés, en el que figuraban acotados por Marx, con todo cuidado, los pasajes que debían ser tenidos en cuenta. Estas correcciones y adiciones se limitan, con ligeras salvedades, a la última parte de la obra, a la sección que lleva por título "El proceso de acumulación del capital". El texto anterior se ajustaba aquí más que en el resto del libro al primitivo proyecto: en cambio, los primeros capítulos habían sido revisados cuidadosamente. El estilo era por tanto más vivo y más fluido, pero también más descuidado, salpicado de anglicismos, y a trozos confuso. Advertíanse, aquí y allá, ciertas lagunas en el desarrollo del pensamiento y, de vez en cuando, el autor limitábase a esbozar ciertos aspectos importantes. <a href="http://www.boxbcn.com">boxbcn.com</a> En la sección cuarta de esta obra se ha demostrado cómo el desarrollo de la fuerza social productiva del trabajo presupone la cooperación en gran escala y cómo sólo en este régimen pueden organizarse la división y combinación del trabajo, economizarse medios de producción gracias a la concentración en masa, hacer posible la creación de medios de trabajo, sistemas de maquinaria, etc., que ya por exigencias materiales sólo pueden emplearse en común, domeñar al servicio de la producción gigantescas fuerzas naturales y llevar a cabo la transformación del proceso de producción en una verdadera aplicación tecnológica de la ciencia. Sobre la base de la producción de mercancías, en que los medios de producción son propiedad de unos cuantos particulares y en que, por tanto, el obrero manual tiene que producir mercancías aisladamente y por su cuenta o vender su fuerza de trabajo como una mercancía, por carecer de los elementos necesarios para explotarla por cuenta propia, aquella premisa sólo se realiza mediante el incremento de los capitales individuales, o sea, en la medida en, que los medios sociales de producción y de vida se convierten en propiedad privada de unos cuantos capitalistas. Sobre el cimiento de la producción de mercancías, sólo bajo forma capitalista puede levantarse una producción en gran escala. Por eso, el régimen específicamente capitalista de producción presupone una cierta acumulación del capital en manos de los productores individuales de mercancías. Teniendo esto en cuenta, dábamos por supuesta esa premisa al estudiar el tránsito del artesanado a la industria capitalista. Podemos dar a esta acumulación el nombre de acumulación originaría, ya que no es resultado histórico, sino por el contrarío base histórica o punto de arranque de la producción específicamente capitalista. No hemos de investigar aquí, pues no nos interesa, cómo se produce esta acumulación. Bástenos saber que constituye el punto de partida. Todos los métodos de potenciación de la fuerza social productiva del trabajo que brotan sobre esta base son, a la par, métodos de producción redoblada de plusvalía o producto excedente, que es, a su vez, el elemento constitutivo de la acumulación. Son, por tanto, al mismo tiempo, métodos de producción de capital con capital, o métodos encaminados a acelerar la acumulación de éste. La reversión constante de plusvalía a capital adopta la forma de un aumento de volumen del capital invertido en el proceso de producción. A su vez, este aumento funciona como base para ampliar la escala de la producción y los métodos a ésta inherentes de reforzamiento de la fuerza productiva del trabajo y de producción acelerada de plusvalía. Así, pues, aunque el régimen de producción específicamente capitalista presuponga cierto grado de acumulación de capital, este régimen, una vez instaurado, contribuye de rechazo a acelerar la acumulación. Por tanto, con la acumulación de capital se desarrolla el régimen específicamente capitalista de producción, y el régimen específicamente capitalista de producción impulsa la acumulación de capital. Estos dos factores económicos determinan, por la relación compleja del impulso que mutuamente se imprimen, ese cambio que se opera en la composición técnica del capital y que hace que el capital variable  vaya reduciéndose continuamente a medida que aumenta el capital constante. <a href="http://www.grafsalas.com">imprentas barcelona</a> El desgaste de la maquinaria no corresponde con exactitud matemática, ni mucho menos, al tiempo durante el cual se la tiene funcionando. Y, aun supuesto esto, una máquina que funcionase durante 7 años y medio, por espacio de 16 horas al día, abarcaría un período de producción igualmente grande y no añadiría al producto total más valor que si trabajase durante 15 años a razón de 8 horas diarias solamente. No obstante, en el primer caso el valor de la máquina se reproduciría con doble rapidez que en el segundo supuesto, y el primer capitalista se embolsaría en 7 años y medio la misma cantidad de plusvalía que el segundo en 15. <a href="http://www.nightspain.com">bares de copas en españa</a> Como hemos visto, el capital necesitó varios siglos para prolongar la jornada de trabajo hasta su límite máximo normal, rebasando luego éste hasta tropezar con las fronteras de la Jornada natural de 12 horas; 99 pues bien, con el nacimiento de la gran industria, en el último tercio del siglo XVIII, se desencadenó un violento y desenfrenado proceso, arrollador como una avalancha. Todas las barreras opuestas por las costumbres y la naturaleza, la edad y el sexo, el día y la noche, fueron destruidas. Hasta los mismos conceptos del día y la noche, tan rústicamente simples y claros en los viejos estatutos, se borraron y oscurecieron de tal modo, que todavía en 1860 un juez inglés tenía que derrochar una agudeza verdaderamente talmúdica para "fallar" qué era el día y qué la noche.100 Fueron los tiempos orgiásticos del capital. <a href="http://www.nightspain.com">guia ocio lleida</a> 83 Estos estatutos obreros, con los que nos encontramos también, por la misma época, en Francia, los Países Bajos, etc., no fueron derogados formalmente en Inglaterra hasta 1813, cuando ya hacía muchísimo tiempo que las condiciones reales de la producción los habían desplazado. <a href="http://www.pisobcn.com">http://www.pisobcn.com</a> 190 “La tendencia hacia el sistema fabril” (Child. Empl. Comm. II Rep. 1864, p. 67.) “Toda la industria pasa actualmente por una fase de transición y atraviesa por los mismos cambios porque han atravesado la industria puntillera, la industria textil, etc.”(L. c., n. 405.) “Una revolución radical.– (L. c., p. XLVI, n. 318.) En los tiempos de la Child. Empl. Comm  de 1840, la fabricaci6n de medias era todavía un trabajo manual. En 1846 comenzaron a introducirse en esta rama diversas máquinas que actualmente se hallan ya movidas a vapor. La cifra total de personas de ambos sexos y todas las edades, a partir de los 3 años, empleadas en la rama inglesa de fabricación de medias era. en 1862. de unas 120,000 personas. De ellas, sólo se hallaban sujetas a los preceptos de la ley fabril en 1862. según el Parliamentary Return de 11 de febrero, 4.063<br/></h4><br/>]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry></feed>
