UNA VIEJA CARTA PARA UNA VIEJA AMIGA
Cómo empezar......pues ni yo misma lo sé, son tantas cosas.....unas dichas y otras por decir, unas por mostrar y otras tantas por descubrir. ¿Dudas?, ¿incertidumbres?, muchas, ¿quién no las tiene?, que...¿por qué escribo esto?....mmm...decir tal vez que he sentido la necesidad, un deseo irrefrenable me ha llevado a “escribir”.......¿para que? Pues otra duda sin resolver, una más al tintero.....joder como siga así se me va a llenar y entonces ya no será un simple tintero lleno de dudas será un mar lleno de tinteros llenos de dudas.....buff...que marrón ¿no?, pues si, yo también arqueo la ceja ante tal situación...
Ahora dirás: “ya estamos dando rodeos, bueno petarda suelta yo lo que tengas que decir”, ahora pongo yo cara de gilipollas, y te digo: “si supiera que te quiero decir.....pero no lo sé”, y este es el momento que tu compartirías opinión con mi padre: “a las mujeres no hay quien las entienda”, y yo te digo cierto.....te doy la razón, llevo años intentado comprenderlas y no lo consigo, pero contigo parece k la regla se ha roto, más o menos te voy entendiendo tu forma de pensar y de actuar, aunque no siempre doy en el clavo....
El otro día leyendo un libro llamado “Ocnos” de Luis Cernuda....descubrí un relato corto que dije: “mira esto se lo tengo que enseñar a (------)”, bueno, aquí te lo pongo no es muy largo, es poca cosita, ahí va:
El Escándalo.
En las largas tardes del verano, ya regadas las puertas, ya pasado el vendedor de jazmines, aparecían ellos, solos a veces, emparejados casi siempre. Iban vestidos con blanca chaqueta almidonada, ceñido pantalón negro de alpaca, zapatos rechinantes como el cantar de un grillo, y en la cabeza una gorrilla ladeada, que dejaba escapar algún rizo negro o rubio. Se contoneaban con gracia felina, ufanos de algo que sólo ellos conocían, pareciendo guardarlo secreto, aunque en el placer en ese secreto hallaban desbordaba a pesar de ellos sobre las gentes.
Un corro de gritos en falsete, el ladrar de algún perro, anunciaba su paso, aun antes de que hubieran doblado la esquina. Al fin surgían, risueños y casi envanecidos del cortejo que les seguí insultándoles con motes indecorosos. Con dignidad de alto personaje en destierro, apenas si se volvían al séquito blasfemo par alanzar tal pulla ingeniosa. Mas como si no quisieran decepcionar a las gentes en lo que estas esperaban de ellos, se contoneaban más exageradamente, ciñendo aún más la chaqueta a su talle cimbreante, con lo cual redoblaban las risotadas y la chacota del coro.
Alguna vez levantaban la mirada a un balcón, donde los curiosos se asomaban al ruido y había en sus descarados ojos juveniles una burla mayor, un desprecio más real que en quienes con morbosa curiosidad les iban persiguiendo. Al fin se perdían al otro extremo de la calle.
Eran unos seres misteriosos a quienes llamaban “los maricones”.
Bueno y esta es una consulta que he leído este mismo mediodía en el semanal del periódico La Verdad, el articulo es una consulta de esas que se hacen anónimas y va dirigida al psicólogo Bernabé Tierno.
“Desde hace tiempo siento miedo y lloro por las noches debido al temor que tengo por no saber si soy heterosexual u homosexual. He sido una chica normal que he jugado con muñecas de pequeña. Tengo 18 años y desde hace algún tiempo no me atrae ningún chico ni me imagino nada con él. Por otra parte, si me fijo en partes de la anatomía femenina, aunque lo hago sobre todo para compararme con otras chicas de mi edad. Ayúdeme a salir de esta confusión “. Fdo: Emilia.
La carta de Emilia contiene detalles que me llevan a pensar que es tal su preocupación por el temor a no tener definida su sexualidad, que se está creando un conflicto interior. Para empezar debo decirle que entre los 13 y 19 años, más de un 25% de los jóvenes no tienen definida su sexualidad. Cuando pasan por mi despacho y les doy información sobre lo que consideran un problema, lo normal es que empiecen a tranquilizarse, bajen los niveles d ansiedad y todo se resuelva. Solo en los casos en lo que un joven pueda afirmar que jamás ha sentido nadan por el personas del sexo contrario, podemos hablar de homosexualidad. En otros casaos, como el de Emilia, puede darse una indefinición más o menos acusada y la primera medida es atenuar la preocupación. Es decir, que lo importante es no obsesionarse con la idea de que si la sexualidad se define y toma partid por sentimientos homosexuales se es un desgraciado. Por eso es importante aclarar que no se es mejor persona, ni mas merecedora de consideración por ser heterosexual, porque el mismo temor a ser homosexual puede ¡llegar a desencadenar falsos sentimientos homosexuales en personas sensibles y dominados por el miedo al que dirán. En consecuencia, quienes se encuentran en la situación de Emilia, dejen de hacer un problema por el hecho de no sentirse atraídos por personas de distinto sexo. Cuando se tranquilicen empezaran a ver claro. Como Emilia no siente interés por los chicos y se compara con las chicas tratando de ver si esta mas o menos dotada que ellas, su mente está llena de dudas. ¿Seré homosexual?, se pregunta. Pues quizá no, pero si lo fuera no pasa nada. Acéptese sea cual sea la tendencia de su sexualidad (incluso siendo bisexual) y lo tendrá todo resuelto.
Espero que sepas ver todo lo que te quiero decir con esto.
Ahora dirás: “ya estamos dando rodeos, bueno petarda suelta yo lo que tengas que decir”, ahora pongo yo cara de gilipollas, y te digo: “si supiera que te quiero decir.....pero no lo sé”, y este es el momento que tu compartirías opinión con mi padre: “a las mujeres no hay quien las entienda”, y yo te digo cierto.....te doy la razón, llevo años intentado comprenderlas y no lo consigo, pero contigo parece k la regla se ha roto, más o menos te voy entendiendo tu forma de pensar y de actuar, aunque no siempre doy en el clavo....
El otro día leyendo un libro llamado “Ocnos” de Luis Cernuda....descubrí un relato corto que dije: “mira esto se lo tengo que enseñar a (------)”, bueno, aquí te lo pongo no es muy largo, es poca cosita, ahí va:
El Escándalo.
En las largas tardes del verano, ya regadas las puertas, ya pasado el vendedor de jazmines, aparecían ellos, solos a veces, emparejados casi siempre. Iban vestidos con blanca chaqueta almidonada, ceñido pantalón negro de alpaca, zapatos rechinantes como el cantar de un grillo, y en la cabeza una gorrilla ladeada, que dejaba escapar algún rizo negro o rubio. Se contoneaban con gracia felina, ufanos de algo que sólo ellos conocían, pareciendo guardarlo secreto, aunque en el placer en ese secreto hallaban desbordaba a pesar de ellos sobre las gentes.
Un corro de gritos en falsete, el ladrar de algún perro, anunciaba su paso, aun antes de que hubieran doblado la esquina. Al fin surgían, risueños y casi envanecidos del cortejo que les seguí insultándoles con motes indecorosos. Con dignidad de alto personaje en destierro, apenas si se volvían al séquito blasfemo par alanzar tal pulla ingeniosa. Mas como si no quisieran decepcionar a las gentes en lo que estas esperaban de ellos, se contoneaban más exageradamente, ciñendo aún más la chaqueta a su talle cimbreante, con lo cual redoblaban las risotadas y la chacota del coro.
Alguna vez levantaban la mirada a un balcón, donde los curiosos se asomaban al ruido y había en sus descarados ojos juveniles una burla mayor, un desprecio más real que en quienes con morbosa curiosidad les iban persiguiendo. Al fin se perdían al otro extremo de la calle.
Eran unos seres misteriosos a quienes llamaban “los maricones”.
Bueno y esta es una consulta que he leído este mismo mediodía en el semanal del periódico La Verdad, el articulo es una consulta de esas que se hacen anónimas y va dirigida al psicólogo Bernabé Tierno.
“Desde hace tiempo siento miedo y lloro por las noches debido al temor que tengo por no saber si soy heterosexual u homosexual. He sido una chica normal que he jugado con muñecas de pequeña. Tengo 18 años y desde hace algún tiempo no me atrae ningún chico ni me imagino nada con él. Por otra parte, si me fijo en partes de la anatomía femenina, aunque lo hago sobre todo para compararme con otras chicas de mi edad. Ayúdeme a salir de esta confusión “. Fdo: Emilia.
La carta de Emilia contiene detalles que me llevan a pensar que es tal su preocupación por el temor a no tener definida su sexualidad, que se está creando un conflicto interior. Para empezar debo decirle que entre los 13 y 19 años, más de un 25% de los jóvenes no tienen definida su sexualidad. Cuando pasan por mi despacho y les doy información sobre lo que consideran un problema, lo normal es que empiecen a tranquilizarse, bajen los niveles d ansiedad y todo se resuelva. Solo en los casos en lo que un joven pueda afirmar que jamás ha sentido nadan por el personas del sexo contrario, podemos hablar de homosexualidad. En otros casaos, como el de Emilia, puede darse una indefinición más o menos acusada y la primera medida es atenuar la preocupación. Es decir, que lo importante es no obsesionarse con la idea de que si la sexualidad se define y toma partid por sentimientos homosexuales se es un desgraciado. Por eso es importante aclarar que no se es mejor persona, ni mas merecedora de consideración por ser heterosexual, porque el mismo temor a ser homosexual puede ¡llegar a desencadenar falsos sentimientos homosexuales en personas sensibles y dominados por el miedo al que dirán. En consecuencia, quienes se encuentran en la situación de Emilia, dejen de hacer un problema por el hecho de no sentirse atraídos por personas de distinto sexo. Cuando se tranquilicen empezaran a ver claro. Como Emilia no siente interés por los chicos y se compara con las chicas tratando de ver si esta mas o menos dotada que ellas, su mente está llena de dudas. ¿Seré homosexual?, se pregunta. Pues quizá no, pero si lo fuera no pasa nada. Acéptese sea cual sea la tendencia de su sexualidad (incluso siendo bisexual) y lo tendrá todo resuelto.
Espero que sepas ver todo lo que te quiero decir con esto.
Comentario:
Niña..Porque no sigues escribiendo??'
Comentario:
me parece que muchas personas se sentiran identificadas con Emilia..........





