La duna
Caminaba ascendiendo por la ladera de aquella duna, a la que nunca me había atreido a subir, desde la última vez que visité su cima.
Conocía el camino, sus curvas, sus pendientes, disfruto notando como los pies se hunden en los guijarros que forman su arena.
Elevo la mirada hacia el cielo, para que el sol haga brillar las gotas de sudor que corretean por mi frente. Me pierdo en el calor que me ofrece el sol, las fuerzas me abandonan y me noto desfallecer al notar como la duna tiembla bajo las pisada de mis pies.
Llego a la cima, y me refugio allí, en lameseta al abrigo de todo frío y calor. La duna me ofrece su mejor rincón, y en el me acomodo recostándome para relajarme después del árduo camino.
Cierro los ojos, se me olvidaba de que forma la duna transforma mi realidad en sueños sosegados, y como su cima es el mejor sitio donde poder descansar.
Conocía el camino, sus curvas, sus pendientes, disfruto notando como los pies se hunden en los guijarros que forman su arena.
Elevo la mirada hacia el cielo, para que el sol haga brillar las gotas de sudor que corretean por mi frente. Me pierdo en el calor que me ofrece el sol, las fuerzas me abandonan y me noto desfallecer al notar como la duna tiembla bajo las pisada de mis pies.
Llego a la cima, y me refugio allí, en lameseta al abrigo de todo frío y calor. La duna me ofrece su mejor rincón, y en el me acomodo recostándome para relajarme después del árduo camino.
Cierro los ojos, se me olvidaba de que forma la duna transforma mi realidad en sueños sosegados, y como su cima es el mejor sitio donde poder descansar.





